BIENVENIDOS AL INFIERNO RALLY

Bienvenidos al infierno!!! El calor asfixiante que reinaba  en los reconocimientos presagiaba de uno de los rallyes más duros desde el punto de vista físico para piloto y copiloto, y desde el punto de vista mecánico para el coche.

¡Menudos tramos más sucios! Si con 25 coches que había el fin de semana se sacaban más piedras que… ¿Qué nos íbamos a encontrar en la carretera saliendo con el nº47 y habiendo pasado por allí todos los coches “gordos”? Por una vez no tuvimos ningún problema en los reconocimientos salvo el calor. Los que hicieron los reconocimientos entre semana pasaron más calor si cabe. Y este clima asfixiante iba a ser la tónica predominante de todo un rally ya de por sí rompe-coches.

La táctica para este rally estaba clara: Había que acabarlo como fuera. Y por si estuviéramos poco concienciados de ello, un árbol acabó por recordarnos que no era un rally propicio para tomar grandes riesgos, sino para recobrar confianza tras dos abandonos consecutivos. La verdad es que nos libramos por los pelos de estampar el coche en el árbol en una espectacular cruzada en la zona de gravilla del primer tramo. Acabamos tan descontentos este primer tramo, que el piloto prefirió que en ningún momento del rally le diera los tiempos de los demás. “Nosotros a nuestro ritmo”.

Ya en el último tramo de la mañana empezaron los problemas. El piloto me avisó de que echara un vistazo de vez en cuando a la temperatura. Fue decírmelo y darnos cuenta de que algo raro estaba pasando en el coche. Al poco tiempo la aguja de la temperatura empezó a subir peligrosamente. ¡Teníamos una fuga de refrigerante y nos quedaba un largo enlace hasta el reagrupamiento, y luego otro hasta la asistencia! Y claro, empezó a cundir el nerviosismo dentro del coche. Se multiplicaron las llamadas a la asistencia para que estuvieran preparados y optamos por tener el motor en marcha lo justo y necesario (sólo en cuestas arriba y cuando necesitaba una pequeña ayuda). Y es que un abandono más hubiera supuesto el fin a nuestra temporada, así que había que salir de esa como fuera. Y por si hiciera poco calor íbamos con la calefacción del coche a tope y con los calzones largos, la camiseta, el mono ignífugo, el sotocasco, el casco…

Si un día era malo para tener una fuga de refrigerante era un día como ese en el que los termómetros superaban a veces los 40º.

No me preguntéis cómo, pero conseguimos hacer todo el enlace sin que el coche dijera “hasta aquí hemos llegado”. Sin embargo, los 20 minutos de asistencia se nos hicieron escasos y penalizamos minuto y medio a la salida de la misma. Pero aquí no acabaron los problemas. Al llegar al comienzo del siguiente tramo, un espectador nos advirtió de que se nos estaba quemando el parachoques delantero, y tuvimos que salir con el extintor en mano a toda velocidad y con los nervios a flor de piel. ¡Menudo numerito ofrecimos a los espectadores que había allí presentes!. No había tiempo para más “¡Que nos dan la salida al tramo!” 5, 4, 3, 2, 1… A mí me había dado tiempo justo para colocar nuevamente el extintor y atarme, con lo cual salimos al tramo sin notas. Un kilómetro y pico estuvimos así hasta que el piloto llegó a una curva que la había denominado “carril” y me lo gritó por el interfono. A partir de ahí, localicé dicha curva y pudimos continuar sin mayores problemas.

Los abandonos se sucedían tramo a tramo y nos tocó ver a la mayoría de nuestros compañeros en la cuneta. La táctica estaba ahora más clara que nunca: “después de todo ¡lo importante era acabar!”.

Finalmente pudimos regresar a meta sanos y salvos. Parecía que acababa la odisea con la llegada al podium, pero el destino nos tenía reservado lo más ingrato del rally para el final. Por si había sido poco el calor que habíamos pasado dentro del coche, la deshidratación y el cansancio acumulado a lo largo de tantas horas, y por si habíamos sufrido no pocos problemas, nos notificaban que habíamos sido elegidos por sorteo para pasar las verificaciones finales. Así es que nos tocaba trasnochar un poco. Y es que en estas verificaciones, dependiendo de lo que los comisarios quieran revisar para comprobar la aptitud de las piezas, te puede tocar desmontar medio coche!!!.  Ahora, lo peor fue cuando nos notificaron que también habíamos sido multados con 600€ (¡100.000 de las antiguas pesetas!) por circular a 38 km/h por la asistencia en la que habíamos penalizado cuando esa zona estaba limitada a 30. (No quiero ni pensar cómo se les quedaría el cuerpo a los que fueron multados con la misma cantidad por circular a 34 km/h).

En fin, que después de todo esto, te das cuenta que en muchos momentos este mundo de los rallyes tiene un sabor más “agri” que “dulce”. Pero visto con cierta perspectiva, aunque muchas de las historietas que cuentas sean ingratas no por ello dejas de desear que llegue cuanto antes la siguiente carrera.

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